ABSURDA EXISTENCIA

Nací en una familia desetructurada, una mandre con esquizofrenia y un padre, no muy normal, el cual ha ido empeorando con el tiempo hasta acabar teniendo síndrome de Diógenes, me han maltratado, muchas veces ni comíamos por pura desidia y egoísmo de una y del otro, nos han manipulado una y mil veces y al separarse más aún. Por suerte, mi hermana y yo hemos sido bastante inteligentes y a pesar de todo pudimos estudiar y salir adelante, con mucho esfuerzo por supuesto, no es fácil recibir una ostia y seguir abriendo un libro.
Hoy por hoy no tengo familia, cada uno ha ido por su lado, no tengo una mesa llena de platos el día de Nochebuena, ni un abrazo los días malos, solo tengo retazos de cómo podría haber sido. Tampoco he tenido suerte en las relaciones, muchas veces he buscado el amor que me faltaba en casa en una pareja y muchas veces me he equivocado por precipitarme, ahora soy todo lo contrario, ya no quiero nada con nadie, a pesar que se supone que soy una mujer llamativa,quizás una se vuelve exigente con la edad, con 33 años empieza a ser difícil creer en príncipes azules.
Intento con la gente en general dar todo de mí, y sí, peco una y mil veces de tonta, por perdonar, por dar oportunidades a las personas,por dar sin esperar nada a cambio, porque a pesar de todo creo en la bondad de la gente. Si no creyera eso, no me quedaría ya nada en qué creer.
Pero, qué vida me espera... tarde o temprano mis padres irán a peor, voy a tener que cuidar de unos padres que no se han preocupado de mí, y lo haré porque es lo que deberé hacer, lo haremos mi hermana y yo solas, tendremos que enfrentarnos a eso y va a ser duro.
Recuerdo que no hace muchos años creía en la magia, creía en lo sobrenatural, en el karma, en esas cosas que hacen que creas que todo puede mejorar, pero después de palos y palos, ves que solo tienes la cruda realidad, que tienes que cogerla como venga y aguantar, todo lo demás son autoengaños.
La gente me ve como una mujer independiente, segura, inteligente... y por dentro me siento tan frágil...
No pienso en el suicidio pero muchas veces desearía que todo se acabara ya, porque no sé qué leches hago aquí si mi vida va a ser soledad y sufrir. Ojalá simplemente pudiera tener una familia, más o menos normal, pero una familia de esas que se juntan a cenar ls domingos, en las que la casa está llena de niños corriendo, un perro ladrando y de trastos por el suelo, una familia como sea, pero una familia. La soledad duele mucho, nunca se acaba uno de acostumbrar