Los primeros dieciséis años de vida

Los recuerdos felices de mi infancia, paradójicamente, son con mi hermana. A la edad de 9 años y ella con 7, mi hermano pequeño apenas tenía 2 años.
Cuando yo iba a buscar muñecas al vertedero próximo a mi casa, cuando jugábamos a la busca del tesoro con mapas hecho a base de dibujos, pues mi hermana apenas sabía leer, cuando mi madre nos perseguía, con la zapatilla y corríamos de la mano para que no nos alcanzase…
Pero hasta aquí puedo leer, nos mudamos a otra barriada y todo cambio, en el colegio nuevo no tuve amigos, los niños pueden ser muy crueles. Poco tiempo después mi madre enfermó de cáncer y se trasladó a Madrid para recibir tratamiento. Mi padre tuvo una infancia difícil y para él criar a unos niños era que no le faltase comida y cama. En ese periodo mi hermana cambió, nos distanciamos se mostró en rebeldía hacia todo. Ante mi padre como yo era el mayor, tenía que ser responsable de todo lo que ocurriera, éramos unos críos.
En aquel entonces, con trece años, sin amigos, sin el apoyo de mi padre , mi hermana y yo que nos llevábamos a matar. Llegó el día, el día que mi madre falleció. Aun me martirizo con el último día que estuvo con nosotros, tenía que volver a Madrid y esperó con el taxi para despedirse de mí. Pero no llegué a tiempo, estaba jugando a futbol con chicos de la calle.
Después de aquello mi padre se echó una novia y nos mudamos a su casa, aun con el cuerpo caliente, yo no la pude aceptar, mi madre apenas deja de respirar y me encuentro esto. Esta mujer, coloquialmente la llamo la loca, me hizo la vida imposible con la ayuda de mi hermana y la indiferencia de mi padre, me maltrataba física y psicológicamente, cada día del largo año que viví allí. Hasta que me echó. Mi padre me llevó a su piso, en aquel entonces vacio, recuerdo que le dije: “Pase lo que pase jamás volveré aquí”. Después de un tiempo mi padre regreso con mis hermanos, convivimos así, con mi padre sin saber lo que es la ternura o el amor , mi hermana se apoyó en mi hermano pequeño.
Mi padre se volvió a juntar con una mujer, esta, una buena mujer, aun la tengo aprecio, pero yo ya nunca más pude confiar en nadie. Cuando nos vemos siempre me recuerda:” nunca vi un niño tan triste como tú”. Después fue un periodo gris, solo y triste, del que solo quiero acordarme para pensar en el día de reyes, yo ya trabajaba, en que le compre a mi hermano pequeño una Nintendo, la envolví la llevé al club de jóvenes y en la entrega de los regalos mi hermano fue para recoger caramelos.
Yo estaba allí, disfrazado de paje, los llamaban por su nombre y cuando dijeron el suyo no subía, lo repitieron dos veces, me acerque y le dije: “es para ti, sube”… esa cara no la olvidare jamás!. Yo, un crio de dieciséis años era lo único que podía hacer por mi hermano pequeño para hacer de su vida un poco más normal. Han sido las cinco mil pesetas mejor ganadas de mi vida.
A los diecisiete años conocí a mí, ahora mujer, la persona más dulce y maravillosa que he visto.
A veces me replanteo mis inexistentes creencias, porque es como si mi madre se hubiese arrancado un trocito de sus entrañas para que cuidase de su hijito.
Hoy, a mis 39 años, Ya no estoy solo, he descubierto mi gran pasión, la montaña y con ella grandes amigos, mi familia. En ocasiones pienso que me gusta tanto, tal vez porque cuando estoy en la montaña, suspendido de una cuerda a considerable altura, al fin y al cabo, estoy solo y me recuerda que nací solo, viví solo y moriré solo. Pero hoy no.